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Entrevista a Estela Royo

Con el inicio de la temporada de la Revista BASKETFAB, entrevistamos a la zaragozana Estela Royo Torres (1986), una de las grandes jugadoras del baloncesto aragonés y nacional.

Estela jugó más de diez temporadas en la máxima categoría, fue internacional con España, formó parte de las selecciones aragonesas y ha jugado en equipos de seis países, en los que dejo huella tanto a nivel deportivo como humano.

Una gran trayectoria en la que fue clave su capacidad de esfuerzo, compromiso, compañerismo, valores del deporte que hoy en día ha trasladado a su nueva andadura profesional en su propio gabinete de abogadas.

¿Qué recuerdos tienes de tus inicios en el baloncesto en el colegio Maristas?
Fue una etapa de mucha felicidad, en la que esperaba con enorme ilusión cada entrenamiento y partido y en la que disfrute mucho del baloncesto junto a mis compañeras.

Recuerdo especialmente los torneos en los que pasábamos el día entero con el equipo, jugando, viendo partidos y disfrutando del ambiente. Era una época de mucha inocencia donde realmente el baloncesto era algo que se me daba bien pero sin más aspiraciones más allá de la Selección Aragonesa.

Eso sí, siempre fui muy competitiva y me encantaba pelear cada balón.

En el año 2001 te incorporaste a la cantera del Basket Zaragoza-Mann Filter y formaste parte de una generación que cosechó grandes éxitos a nivel nacional. ¿Cómo fue esa etapa?
Fue un salto importante y no tendría por qué a ver sido sencillo porque llegué siendo ya cadete de segundo año, pero sin embargo la adaptación fue muy natural, en gran parte gracias a Willy Tisaire y a que ya estaba acostumbrada a los entrenos y concentraciones con la selección aragonesa y conocía a la mayoría de mis compañeras.

Pasar a formar parte de un club como el Mann Filter, con todo lo que representaba entonces, con el primer equipo en lo más alto del baloncesto nacional fue un giro radical muy motivador. Y más formando parte de un equipo cadete en el que me sentía cómoda y con un rol importante.

Fue una etapa increíble y de muchísimo aprendizaje, en la que crecí y evolucioné enormemente como jugadora. Guardo un recuerdo fantástico de aquellos años, tanto por lo que conseguimos como por todo lo que vivimos juntas.

Se dice pronto, pero has jugado más de diez temporadas en la Liga Femenina, la máxima categoría nacional. ¿Cómo se llega a la élite y qué consejos le darías a las jóvenes que aspiran a llegar a lo más alto?
A veces ni yo misma me creo haber jugado en equipos profesionales desde los 17 hasta los 34 años.

Los consejos, sin lugar a duda que disfruten y que den el máximo jugando, lo demás tendrá que llegar o no, pero el viaje que no te lo quite nadie.

Cómo se llega a la élite, pues con muchísima ilusión, esfuerzo, predisposición y humildad, aprovechando las oportunidades, con un componente sin duda genético y un poco de suerte.

En cadete tuve la suerte de que el primer equipo necesitaba una jugadora para los entrenamientos y el equipo junior no podía ir, cuando me lo dijeron me eché a llorar. Entrar allí fue como si una hormiga entrara por un campo de elefantes, me temblaban hasta las pestañas, pero vas con cara de póker y que no se te notaran los nervios. Es coherente que tienes que destacar, o ser muy bueno en algo y poder aportar al equipo que tienes por encima. Tuve la oportunidad de jugar torneos de pretemporada no solo con mi equipo sino también con el junior y disputar con ellas el campeonato de España por equipos en Tenerife en que logramos la medalla de plata. Al tiempo te das cuenta que esos torneos te dan visibilidad y fue allí donde me vieron entrenadores de la selección española, el primer año de cadete me quedé a las puertas pero los años siguientes terminé jugando con la selección española dos Europeos y dos Mundiales.

El año cadete quizás fue el más inocente, un mundo nuevo, un chute de aire fresco y aproveché cada bocanada. El grupo era fantástico y algunas de esas compañeras siguen siendo de mis mejores amigas, digamos que no solo disfrutábamos en la pista sino también fuera de ella, es lo que te da el baloncesto, seguro que todos los que lean este artículo lo entenderán perfectamente.

En junior me ofrecieron ya desde primer año entrar en dinámica con el primer equipo entrenamientos y partidos, seguía con el junior pero con ellas ya jugaba más que entrenaba. Era todo lo que podía desear, aunque eso conllevaba un gran esfuerzo físico y mental, llegaba a las 23.30 a mi casa todos los días y al día siguiente a las 7 de la mañana estaba arriba para ir a clase. Aunque en mi casa nunca se me presionó tenía muy claro que los estudios iban primero.

Ya tenía la referencia ya de mis compañeras del primer equipo y sin perder la ilusión por estar ahí algún día, sabía que el futuro profesional era igual de importante porque el deporte se acaba pronto. En aquel momento la exigencia y la presión de los entrenos, los estudios, el poco tiempo libre, lo llevé con normalidad, ahora cuando lo pienso me parece como poco admirable el ritmo que llevamos los deportistas. Entrenaba todos los días, viajaba con el primer equipo por España y Europa y jugaba al menos dos partidos a la semana.

Recuerdo el colegio muy exigente y con poca opción de planificación, nos estaban preparando ya para la selectividad y llegaba justa para preparar el examen del día siguiente, recuerdo estudiar en cada viaje o sacarme los deberes cada vez que tenía 5 minutos libres. Aún no tengo claro como lo hice, supongo que a esa edad puedes con todo, sobre todo si tienes ilusión y una motivación. La Universidad me pareció mucho más fácil, me permitía organizarme mejor, obviamente tienes que estudiar mucho e ir a clase, pero ya no tienes 3 exámenes a la semana.

También eres una de las jugadoras españolas que ha jugado en más países. ¿Qué nos puedes contar de esas experiencias?
He de reconocer que me costó mucho salir de casa. Pero las circunstancias hicieron que me fuera con 27 años pensando que ya tocaba si quería crecer en todos los aspectos. Después de una operación de rodilla, me fui a Londres para terminar de recuperarme y aprender inglés.

El primer año fue duro, no pude jugar porque tuve que volver a operarme y sientes una tremenda impotencia de ver que tu cuerpo y tu mente están en puntos diferentes. Como buena maña volví al año siguiente a Inglaterra, pero esta vez a Sheffield, cerca de Manchester, tampoco fue sencillo, desplazamientos larguísimos y el equipo me mandaba a dar entrenamientos a niños yo sola en inglés (con mi inglés… imagina). A primera hora estaba en clase de un intensivo de inglés que duraba prácticamente hasta las 15 horas y todas las tardes entrenamiento. A los cuatro meses ya me encontraba más cómoda con el idioma y empecé un máster de comercio internacional. Con el equipo terminamos ganando todo, Liga, Copa y acabé reforzada por la exigencia y complejidad de la experiencia.

De ahí vinieron de los mejores años de mi carrera como jugadora en España en el Spar Gran Canaria, tres temporadas increíbles donde crecí muchísimo como jugadora en todos los aspectos, aunque ningún año es sencillo solo recuerdo cosas buenas. Ahí tuve otro roll, otra responsabilidad (que me encantaba), di un salto enorme a nivel ofensivo y eso me permitió hacer estadísticas (algo que nunca me había preocupado) pero que por desgracia es lo que te abre puertas para irte a otros sitios, porque no siempre tienes tiempo para demostrar entrenando y que te conozcan. Tienes que ir sembrando por el camino y dejando buen sabor de boca en la gente.

Gracias a Skye Rees, una compañera de equipo australiana con la que jugué en Sheffield y los números de Gran Canaria, tuve varias opciones para jugar la liga de invierno en Australia. Y lo mejor de todo, es que Toowomba Mountaniers, nos fichó a mi hermana Beatriz y a mí, que ese año venía de reventar la liga inglesa siendo una de las mejores aleros de temporada. Que puedo decir… fue la experiencia de nuestras vidas, la deportiva y la de después viajando por Asia y Oceanía.

El verano siguiente, gracias a mi amiga Itziar German, con quien había jugado en la selección española, cenando después de un partido de Gran Canaria, me animó a meterme en el Draft para la liga de Argentina y fui elegida por el equipo  ‘Quimsa’, una liga muy física y con mucha permisividad, cada partido parecía más una batalla campal que un partido de baloncesto. Viajábamos por Argentina jugando contra los mejores equipos de la liga y llegamos hasta semifinales.

Después de todo esto, firmé por el Trešnjevka de Zagreb, un equipo  muy joven que me acogió como si fuera de la casa, nada más entrar ya era capitana, pero en el que estuve solo hasta final de año por temas personales. Allí pude jugar la liga Adriática y jugar un torneo en pretemporada en Rusia contra equipos de Euroliga.

A principios de año firmé en Sanga Milano italiano, un equipo también joven, que buscaba un revulsivo para dar un empuje al equipo, conseguimos meternos en los play off.

Terminé mi carrera jugando en Granada, un equipo donde firmé que podía salir en cualquier momento. Algo que, aunque llegó, nunca pude hacer. Al final creas un vínculo y un compromiso con el equipo humano que lo forma. Fue un año que recuerdo con un cariño enorme y en el que hice grandes amigos.

En Japón llegué a entrenar con un equipo, cuando mi marido Pablo Aguilar fichó en Kawasaki Brave Thunders, cerca de Tokyo, pero la liga profesional femenina no permitía extranjeras y nunca pude llegar a debutar en partido oficial.

Echando la vista atrás, lo que siento es la felicidad y tranquilidad de haber cogido muchos de los trenes que pasaron, de exprimir cada experiencia que me han ofrecido desde la cancha hasta conocer la cultura, el país y su gente. Me siento orgullosa de haberme entregado al máximo en cada equipo, de haber sabido adaptarme a culturas, entrenadores y formas de entender el baloncesto muy diferentes, y de no haber perdido nunca la ilusión del primer día. Para mí el baloncesto nunca fue un trabajo, fue una manera de vivir el mundo a través de algo que me apasionaba, por supuesto hubo muchos momentos duros, lesiones, enfados, impotencia, pero ahora ya no me acuerdo de eso.

¿Qué personas te ayudaron más en tu proceso de formación como deportista?
Siempre se habla de los entrenadores, de clubs, pero creo que tu entorno, tu familia es fundamental. Mis padres y mi hermana Bea siempre estuvieron ahí para lo que necesitara, nunca se metieron en decisiones técnicas, no opinaban sino les preguntaba, pero me acompañaban en las alegrías y los llantos, igual que lo siguen haciendo ahora. Eso te aporta serenidad, confianza y te da protección. No juzgaban decisiones, podían no querer que te fueras, como les pasa ahora cada vez que cojo un avión, pero se alegran de cada oportunidad y éxitos que te da la vida.

Tuve una formación, quizás poco convencional. No me fui del colegio hasta cadete de segundo, quizás eso me hizo ‘quemarme’ poco… jugaba todo lo que quería y más aunque no en el mejor equipo, pero luego competía los campeonatos de España con la selección aragonesa y me iba en verano de campamentos con ellos.

Sin lugar a dudas mi salto a Mann Filter fue esencial y también necesario, fue mi explosión, todo me vino de cara. Tuve de los mejores entrenadores de Zaragoza, Willy Tisaire y Wallace Sánchez que anteponían las personas a sus intereses personales. Creces en un ambiente de exigencia, pero con cariño, valores y sin duda educación deportiva. En junior, tuvimos la suerte de estar con Carlos Pardo, otra persona inmejorable y grandísimo entrenador junto con Juan Corral y Álex Cebrian, del primer equipo jugando en liga nacional y Eurocup. Tengo claro que esos tres años fueron clave en mi desarrollo como jugadora, nadie me regaló nada, pero me lo dieron todo.

¿Cuáles son tus mejores recuerdos en el mundo del baloncesto?
Los campamentos de verano siendo niña, los torneos de Navidad en cadete y junior, los campeonatos de España con selecciones y el equipo. El vestuario, salir a cenar después de los partidos, competir cada partido ya fuera de liga regular o la final de la copa de la reina. Representar a tu país con la selección española, jugar por el mundo… Elegir un momento es imposible pero la experiencia con mi hermana en Australia fue de las mejores de mi vida.

Has cambiado las pistas por los despachos. Ahora diriges tu propio gabinete de abogados. ¿Te ha servido la experiencia como jugadora en esta nueva andadura profesional?
Desde luego que sí. Me gusta sentirme parte de un equipo y sumar, me gusta aportar y ser útil. Aquí también tienes mucho contacto con las personas y tienes la posibilidad de ayudarles.

Los valores del deporte los puedes extrapolar a todos los ámbitos de la vida. Sin duda en mi nueva profesión tienes que trabajar muy duro, ser disciplinado, organizado y honesto con la gente.

¿Cuál es la especialidad de vuestro gabinete de abogados?
Estamos especializados en derecho bancario, en el lado de los consumidores, apoyando a cualquier persona que haya firmado un contrato de préstamo, tarjeta, hipoteca…. Lo que hacemos es estudiar gratuitamente sus deudas, tanto pendientes como ya pagadas y decirle lo que se puede reducir, cancelar o recuperar. En muchísimos de los casos cancelamos contratos de tarjetas donde no solo cancelan sus deudas sino que les devuelven dinero porque sus contratos eran abusivos o no transparentes.

Muchos de nuestros clientes son de Zaragoza y vienen del baloncesto, compañeras, entrenadores o incluso aficionados y es genial poder ayudarles.

¿Cómo pueden contactar contigo para contratar vuestros servicios?
Trabajamos en toda España por lo que cualquiera que quiera información puede contactar directamente conmigo por redes sociales, a través del email estelaroyoabogados@gmail.com o por whatsapp al 625515704. También pueden hacerlo a través del despacho  por teléfono o email: 656649821 y info@gayresabogados.com.

Entrevista publicada en la Revista BASKETFAB (28/10/26)